Hay mañanas que parecen eternas. Te levantas con el tiempo justo, preparas desayunos, organizas mochilas, y cuando por fin crees que todo está bajo control… empieza la rabieta. Llantos, gritos, negación: “¡No quiero ir al cole!”, “¡Quiero quedarme contigo!”. Y en ese momento, muchas madres (y padres) sienten una mezcla de culpa, impotencia y prisa. ¿Te suena?
Si es tu caso, antes que nada, quiero decirte algo muy importante: no estás sola. Y lo que está viviendo tu peque tampoco es un simple capricho. Es una expresión emocional profunda que merece ser comprendida y validada.
La separación como reto emocional
Cuando un niño se resiste a ir al cole, muchas veces lo que realmente le cuesta no es el colegio en sí, sino separarse de ti. Su hogar, su mamá o papá, su rutina segura… representan su refugio emocional. Y salir de ahí, sobre todo en las primeras etapas, puede ser abrumador.
La infancia es una etapa donde aún no se cuenta con herramientas emocionales para gestionar lo que sentimos. Por eso, una emoción intensa –como la tristeza o el miedo a separarse– no se expresa en palabras, se manifiesta en conductas: rabietas, gritos, resistencia.
¿Qué nos está queriendo decir con esa rabieta?
Detrás de ese “no quiero ir” puede haber muchas causas:
- Estrés acumulado.
- Miedo a no sentirse capaz.
- Ansiedad por la separación.
- Algún conflicto en clase.
- Dificultad para adaptarse al ritmo escolar.
- O incluso un deseo muy legítimo de quedarse más tiempo contigo.
Cada caso es único. Y por eso es tan importante mirar a cada niño o niña con ojos nuevos. Porque la rabieta no es el problema, es el síntoma. Lo importante es descubrir qué emoción o necesidad la está generando.
🔎 Y aquí quiero hacer una pausa para recordarte algo fundamental: este artículo te ofrece pautas generales, pero no sustituye una valoración personalizada. Cada peque necesita ser escuchado en su historia y en su contexto. Para eso estamos las y los profesionales. Y si sientes que necesitas apoyo, sabes que puedes contar conmigo.
Voy a decirte los 4 puntos básicos para acompañar estas rabietas con respeto y conexión
1. Valida su emoción, aunque no compartas su reacción
Frases como:
🔹 “Veo que estás muy triste porque no quieres separarte de mí.”
🔹 “Es difícil para ti ir al cole hoy, ¿verdad?”
No estás reforzando su comportamiento, estás diciéndole: entiendo lo que sientes. Y eso es lo que necesitan para calmarse.
2. Revisa tu propio estado emocional
Muchas veces, nuestra prisa, nuestra culpa o nuestro estrés amplifican la situación. Si te es posible, respira profundo antes de responder. Tu calma es la base de su regulación.
3. Haz pequeños rituales de despedida
Un beso en la mano que pueda “guardar en el bolsillo”, una frase especial (“Te espero con un abrazo gigante”) o un dibujo que le recuerde a ti… Estos gestos simbólicos dan seguridad.
4. Anticípate y prepara el terreno emocional
Habla de lo que pasará. Dale información adaptada a su edad. Ayúdale a visualizar lo bonito del día, y sobre todo, crea momentos de conexión antes de salir de casa.
¿Y si la rabieta es muy intensa o se repite cada día?
Entonces es momento de mirar más a fondo. Porque a veces lo que parece una “mala mañana” repetida puede ser un mensaje más profundo. Y acompañar eso requiere observar, escuchar y sostener con presencia… pero también con ayuda profesional si lo necesitas.
👩⚕️ En mi consulta online trabajo acompañando a muchas familias que viven estas situaciones. Y juntas exploramos lo que el niño o la niña necesita expresar y cómo puedes ayudarle desde un lugar de calma y seguridad emocional. Siempre desde un enfoque respetuoso, integrador y realista. Porque tú también necesitas sentirte acompañada.
¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Te gustaría que habláramos de ello?
¿Te has visto reflejada en esta situación? ¿Sientes que algo de esto te toca por dentro? 💭
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